La Cosa

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LA COSA

SANTI GURTUBAY

¿Por qué no te has casado? La pregunta del millón, para la que la mayoría de los ‘acusados’ no tienen una respuesta honesta y coherente, además, da un poco igual que contestes a una metiche o maruja que todavía no has encontrado la horma de tu zapato o que las mujeres solo te han querido utilizar para el sexo duro; ella pensará, primero, sin ningún género de dudas que eres homosexual, lo único que les puede salvar son unas buenas manchas de grasa en la camisa, un descosido en el pantalón o que le intenten meter mano a la obsesiva-compulsiva que no para de preguntar por qué viven solos; en la antigua Grecia, Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad; a la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia; Charles Bukowski, con sus libros rebosantes de transgresión amable, defendía que somos libres a tope, si somos capaces de amar y ser amados, el papa Francisco leyó también al maldito escritor estadounidense

Todos sabemos que San Valentín es una creación diabólica de los grandes almacenes para vender tarjetas de felicitación con fotos de niños diciendo cursiladas, cajas de bombones en forma de corazón y ropa interior sexy que casi nunca se usa. Sin embargo, no puede negarse que es una festividad que ha calado en la sociedad, que ha acabado por encarnar los valores del amor y de los enamorados. Y que, por lo tanto, supone una clara e intolerable discriminación para los colectivos marginados. Sin ir más lejos, el de los solteros sin compromiso.

En estos tiempos que se imponen los bautizos para agnósticos y los bar mandamientos, mitzvah para gentiles, los que no han encontrado la media naranja ni un medio melón que les consuele, piden enérgicamente un pequeño hueco en esta celebración, un San Valentín para solteros. Los que no estén en esa situación no pueden entender el escalofrío que les recorre el cuerpo a los que, pasada una determinada edad, deben contestar casi a diario a la archimanida pregunta sobre su estado civil.

Si no fuera porque se han encontrado en esa situación un millón de veces probablemente se sentirían como si estuvieran en una reunión de alcohólicos anónimos confesando: “Sí, tengo un serio problema con la bebida”. ¿Pero soltero, soltero? ¿No has estado nunca casado? Estas suelen ser las siguientes preguntas de rigor. Suele ser habitual el utilizar ese término absurdo que se utiliza últimamente: single (soltero, solo, uno, individual, solitario, singular…). En nuestros tiempos de juventud single era exclusivamente un disco fonográfico de corta duración, de dos canciones, a 45 revoluciones y no a 33 como los LP grandes, donde aparecía siempre en la cara A la canción más comercial de la grabación y que, normalmente, daba título a todo el trabajo. En la B, era una obra de puro relleno. Esta parte nunca se rayaba, por haberla condenado al olvido.

A pesar de mi formación periodística, no lejana muchas veces a la publicitaria, no me gustan los absurdos eufemismos que se utilizan para llamar a las cosas que ya tienen nombre. Si no has estado casado eres soltero, si has estado casado y ya no lo estás eres un divorciado, y si eres viudo, mis condolencias pero esa es la palabra que se utiliza. ¿Pero vivirás con alguien, no? Llegado este punto lo mejor es negar con un movimiento de cabeza sin entrar en más explicaciones del tipo: “Vivía con una novia pero lo dejamos o sigo viviendo en casa de mis padres porque la cosa está muy achuchada”.

Si el interlocutor es un hombre, lo más probable es que el interrogatorio acabe ahí aunque, sin ninguna necesidad de ser telépata, puedes adivinar que está pensando: primero, este tío es gay, como dicen en la España del esperpento, “soltero maduro, puto seguro”; segundo, es un sabio, la vieja escuela de “soltero y cuarentón, que suerte tienes bribón”. Se imaginará, casi siempre erróneamente, una vida de vicio y perversión en la que uno se levanta junto a una diosa de largas piernas diferente cada mañana.

Sin embargo, si la interlocutora es una mujer, es casi seguro que no se va a conformar con una explicación vaga y continuará con el interrogatorio. ¿Por qué no te has casado? La pregunta del millón, para la que la mayoría de los solteros no tienen una respuesta honesta y coherente. Además, da un poco igual que contestes que todavía no has encontrado la horma de tu zapato o que las mujeres solo te han querido utilizar para el sexo duro. Ella pensará, primero, que eres homosexual. Lo único que te puede salvar de esta percepción inicial son unas buenas manchas de grasa en la camisa, un descosido en el pantalón o que sean las tres de la mañana, ambos estáis en la barra de un bar con una copa en la mano y tú estás intentado palparle los muslos.

 

También cabe la opción de que seas un psicópata, que va a intentar descuartizarla a la menor ocasión y que expondrá su cabeza disecada

Puede pensar, en plan condescendiente que eres un raro. Seguro que es de los que no puede vivir sin las lentejas con chorizo de su madre. Es un obseso de sus libros llenos de polvo y comején, capaces de provocarte un enfisema pulmonar, de los comics de Malfalda o Astérix y Obélix o de sus colecciones siempre incompletas de vitolas de puros habanos, desaparecidos sellos de filatelia por culpa de la Red, de sus viejísimas botellas avinagradas de vinos de su Rioja o Ribera del Duero, por culpa de la edad y no de los malos corchos como repite hasta la embriaguez, rayando al ‘delirium tremens’. Por su mente pasará la idea de un maniático. Debe de ser de esos que tiene las camisas ordenadas por colores y le puede dar un ataque de urticaria si se encuentra una pestaña en el lavabo. Un golfo no es descabellado pensar. Inevitable si realmente está intentando meterle mano.

También cabe la opción de que seas un psicópata, que va a intentar descuartizarla a la menor ocasión y que expondrá su cabeza disecada, como si fuera un discípulo de ‘John el yihadista’ de ISIS, en algún rincón secreto de su siniestra mansión junto al de otras incautas. Es dura la vida del ‘chicoviejo’ como dicen peyorativamente en España. Como verán, un soltero, sin abrir prácticamente la boca ya ha sido juzgado, condenado y, muchas veces ejecutado. ¿Se merecen o no una festividad que conmemore la incomprensión a la que se ven sometidos?

Uno de los símbolos de San Valentín, se le describe como un niño alado y armado con arco y flechas que son disparadas a dioses y humanos, provocando que se enamoren profundamente. En ocasiones lleva también los ojos vendados, para mostrar que el amor es ciego. Su propia historia de amor aparece narrado en su forma más completa en la novela latina “El asno de oro” o “Las Metamorfosis” de Apuleyo, doscientos años después de Cristo.

En la antigua Grecia, Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos Cupido es el dios del amor hijo de Venus y de Marte, dios de la guerra. Era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era pícaro y carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulos. A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.

 

“El amor no puede crecer sin pasión, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero sin pasión volvía a ser un niño”

Consciente del poder que tenía, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales así que provocaba frecuentes problemas a los dioses. Un día a se enfadó con Apolo cuando éste bromeo sobre sus habilidades como arquero, así que Cupido hizo que Apolo se enamorara de la ninfa Dafne y a ella le dispara una flecha con punta de plomo. Dafne reza al dios río Peneo pidiendo ayuda y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagra a Apolo.

Así entre rebeldía a y travesuras, Cupido cumplía con su cometido. Al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía. En busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: “El amor no puede crecer sin pasión. Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero cuando se separaban, volvía a a ser un niño.

Por otro lado en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique (Alma), que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella. Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio. El marido que le sería destinado, una serpiente alada, terrible y poderosa, llegaría hasta ella y la haría su esposa.

Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió a Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero este al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto joven. Contra los deseos de Venus, Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casa con ella, teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo. La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz no sintió temor, estaba segura que no era un monstruo, sino el amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre que no viera su rostro.

 

“El amor no mira con los ojos, sino con el espíritu: por eso pintan ciego al alado Cupido”, decía William Shakespeare

Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los dioses y mira a su marido. Eso le valió el castigo de ser abandonada por Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole: “El Amor no puede vivir sin confianza”. Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más difíciles y peligrosos impuestos por Venus. Como última instrucción le dio una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja.

Psique se alista para el viaje y durante él se enfrenta a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados, sin embargo la curiosidad por abrir la caja la venció así que lo hizo y al momento cayó en un profundo sueño que parecía la muerte. Cupido al encontrarla, le retira el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdona al igual que Venus. Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los dioses conmovidos por el amor de Psique hacia Cupido, la convirtieron en una diosa para que pudiera reunirse con su amado. Felizmente Cupido y Psique: El Amor y el Alma, se unieron tras duras pruebas. De esta unión nació una hija llamada Voluptas cuyo nombre significa placer, de donde derivan palabras como voluptuosidad. A partir de la historia de estos dos personajes el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido. “El amor no mira con los ojos, sino con el espíritu: por eso pintan ciego al alado Cupido”, decía William Shakespeare. A pesar de que hoy en día es una de las celebraciones más consumistas y que más beneficios generan a infinidad de comercios, el Día de San Valentín en sus orígenes no fue inventado por unos grandes almacenes, tal y como señalan algunos, aunque fue hábilmente aprovechada por los empresarios para sacar una buena tajada de una fecha tan señalada en el calendario. Pero el Día de San Valentín, como sinónimo del día de los enamorados empezó a celebrarse quince siglos atrás, concretamente en el año 494 después de Cristo, siendo auspiciado por el papa Gelasio I, quien tomó la medida de celebrar una festividad católica el 14 de febrero, con el fin de anular y prohibir la fiesta pagana de las Lupercales que se celebraba desde la Antigua Roma cada 15 de febrero en honor a Lupercus, protector de los pastores y sus rebaños y como homenaje a la loba que amamantaba a los gemelos Rómulo y Remo (destinados a fundar Roma según las antiguas leyendas).

 

La Iglesia Católica instauró la festividad de San Valentín y así poder cargarse de un plumazo la fiesta pagana de las Lupercales

Desde el siglo IV se había ido eliminando paulatinamente todas las celebraciones paganas, siendo sustituidas o reconvertidas en otras de carácter religioso. Gelasio I necesitaba anteponer otra fiesta a la celebración de las Lupercales, por lo que escogió el del santo que caía justo un día antes y que había -supuestamente- vivido dos siglos antes: San Valentín. No se tenía muy claro quién era este santo, que venía a suplir esa importante fiesta pagana, pero alrededor de él se crearon infinidad de leyendas -la mayoría desmentidas con el transcurso de los siglos- que indicaban que Valentín había sido bondadoso médico romano que decidió hacerse cristiano y ordenarse como sacerdote, y como tal ofició un buen número de bodas entre jóvenes enamorados. El problema residía en que en aquella época, los soldados no podían contraer matrimonio, pero muchos fueron los que quisieron hacerlo para unirse a sus amadas. Según explica la leyenda, el emperador romano Claudio II se enteró de lo que estaba realizando Valentín y ordena ejecutarlo, convirtiéndose el religioso en un mártir y referente de todos los enamorados.

Al menos esta es la historia que difundió la Iglesia Católica para justificar el hecho de instaurar, la celebración del Día de los Enamorados en la festividad de San Valentín y por lo tanto así poder cargarse de un plumazo la fiesta pagana de las Lupercales. Y como festividad religiosa se estuvo celebrando a lo largo de los siguientes quince siglos (hasta 1969) año en el que bajo el pontificado de Pablo VI la Iglesia Católica decidió eliminar San Valentín como festividad del calendario postconciliar (acordado en el Concilio Vaticano II), pasando a ser esta una fecha con santo pero sin celebración.

Pero por aquel entonces la comercialización del Día de San Valentín como fecha del Día de los Enamorados ya estaba totalmente instaurada en la sociedad de consumo. Como nota curiosa, indicar que el primer registro que existe sobre la comercialización de esta fecha es el que señala a la norteamericana Esther A. Howland como la precursora de la venta de tarjetas regalo con motivos románticos y dibujos de enamorados que ideó y realizó a mediados de la década de 1840, vendiéndolas por unos centavos en la librería que regentaba su padre en Worcester, Massachusetts, y las cuales se convirtieron en todo un éxito.

Cabe destacar que varios son los santos llamados Valentín a los que se les ha adjudicado ser el “santo” al que se le dedica el Día de los Enamorados, no llegando a ningún acuerdo ni tan siquiera los mismos miembros de la Iglesia, por lo que las leyendas y mitos alrededor de este personaje y sus diferentes procedencias son múltiples, pudiendo encontrarnos con infinidad de iglesias que dicen tener los restos de San Valentín.

 

Jorge Mario Bergoglio, el ‘revolucionario’ de la ‘Primavera del Mate’ quiere revalorizar el casamiento cristiano

El papa Francisco quiere recristianizar la fiesta de San Valentín. Recuerdo el festejo multitudinario del ‘Día de los Enamorados’ celebrado hace unos años en la plaza de San Pedro. Roma busca devolver un sentido religioso a una fiesta de moda hoy en el mundo pero con fuertes rasgos consumistas: una ocasión muy especial para los negocios de los rubros flores, tarjetas, chocolates, peluches, lencería y hasta joyas. Ni hablar de las reservas en restaurantes. . No faltará quien tilde de populista al Papa por este tipo de iniciativas; lo cierto es que Francisco no elude ninguna problemática actual, pero privilegia el gesto y la acción. En tiempos de creciente laicidad, y en que cada vez más matrimonios terminan disueltos, Jorge Mario Bergoglio, el ‘revolucionario’ de la ‘Primavera del Mate’ quiere revalorizar el casamiento cristiano y, para ello, mejor empezar por el principio, generando un espacio para todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes que deseen poner su compromiso en manos de Dios y de la Iglesia.

Recuerdo con cariño a Charles Bukowski, escritor y poeta estadounidense nacido en la Alemania de nuestro Viejo Continente, cuando escribo esta columna. Los años de nuestra adolescencia, que siguieron al Concilio II, de Juan XXIII y Pablo VI, se empaparon de algunos autores malditos, como los llamábamos en los turbulentos 70, tras la bronca del Mayo del 68 de nuestra capital cultural europea, París. Bukowski nos dejó abundante literatura, rebosante de transgresiones amables, para mantener encendida la ilusión de que somos libres a tope, si somos capaces de amar y ser amados. Francisco leyó también a Charles Bukowski.

Charles Bukowski, bautizado como Heinrich Karl Bukowski (Andernach, 16 de agosto de 1920 - Los Ángeles, 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania. A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud. La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado. Fue un personaje extremadamente excéntrico y arrebatado. Murió de leucemia en 1994, a la edad de 73 años. Hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del ‘realismo sucio’ y la literatura independiente.

La obra de Charles Bukowski recibió tantas críticas negativas como positivas. Se le acusó de practicar un estilo soez como mero exhibicionismo literario y de reiterar sus obsesiones de modo efectista. Otros críticos, en cambio, realzaron su autenticidad y su condición de escritor maldito. ‘Factótum’, ‘Escritos de un viejo indecente’, ‘Mujeres’, ‘Música de cañerías’, ‘Ordinaria locura’, ‘La máquina de follar’, ‘Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-1992’, ‘Pulp’… son algunos de sus títulos más famosos.

Estas son algunas de sus frases: “La definición de la vida es problemas”; “Mi ambición está limitada por mi pereza”; “El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar. Esperar el colectivo. Esperar que canten los ratones. Esperar que a las serpientes les crezcan alas. Perder el tiempo”; “Cuando el espíritu se desvanece aparece la forma”; “El dinero siempre tiene dos inconvenientes: demasiado o demasiado poco”; “Se empieza a salvar el mundo salvando a un hombre por vez; todo lo demás es romanticismo grandioso o política”; “Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener”; “Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello. Quiero decir pongamos que alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista”; “Sé lo bastante bueno en cualquier cosa y te crearás tus propios enemigos”; “Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado”; “Algunos perros que duermen a la noche deben soñar con huesos y yo recuerdo tus huesos en la carne o mejor en ese vestido verde oscuro y esos zapatos de taco alto negros y brillantes”; “No sentía rencor alguno hacia la sociedad porque no pertenecía a ella”; “Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí”; “El amor es una niebla que se quema con el primer sol de la realidad”; “Incluso en el hipódromo veo correr a los caballos y me parece que no tiene sentido”; “Nunca sentía soledad; cuanto más separado de la especie humana se encontraba, mejor se sentía”; “Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos”; “Un intelectual dice una cosa simple de un modo difícil. Un artista dice algo difícil de modo simple”; “Nuestra sociedad la hemos formado con nuestra falta de espíritu; es como si nos la mereciésemos”…

San Valentín, una creación diabólica de los grandes almacenes, y los sospechosos solteros. ¿Por qué no te has casado? La pregunta del millón, para la que la mayoría de los ‘acusados’ no tienen una respuesta honesta y coherente, además, da un poco igual que contestes a una metiche o maruja que todavía no has encontrado la horma de tu zapato o que las mujeres solo te han querido utilizar para el sexo duro; ella pensará, primero, sin ningún género de dudas que eres homosexual, lo único que les puede salvar son unas buenas manchas de grasa en la camisa, un descosido en el pantalón o que le intenten meter mano a la obsesiva-compulsiva que no para de preguntar por qué viven solos; en la antigua Grecia, Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad; a la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia; Charles Bukowski, con sus libros rebosantes de transgresión amable, defendía que somos libres a tope, si somos capaces de amar y ser amados, el papa Francisco leyó también al maldito escritor estadounidense.

@SantiGurtubay

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