La Capilla Sixtina

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LA CAPILLA SIXTINA

FRANCISCO MARTÍN MORENO

John Kenneth Turner llevó a cabo una profunda investigación en los campos yucatecos productores de henequén en 1908 y 1909, en donde hizo constar los horrores padecidos durante los años aciagos de la dictadura porfirista. Dichos trabajos relativos a la existencia de la esclavitud en México y a la denuncia de políticos y empresarios corruptos fueron consignados en aquellos tiempos en un libro histórico intitulado precisamente México bárbaro.

Porfirio Díaz, el tirano, gobernó por más de 30 años con arreglo a sus estados de ánimo sin someterse a ley alguna, una conducta parecida a la llevada a cabo por los tlatoanis mexicas, por los virreyes españoles, por caciques y caudillos hasta llegar a la “dictadura perfecta” fundada por Lázaro Cárdenas a partir de 1934 y que concluiría con la llegada de la llamada “alternancia en el poder” a cargo de Fox y Calderón, un par de líderes políticos que no hicieron nada y si hicieron, no lograron construir un Estado de derecho que era y es el gran detonador de la economía y de la prosperidad en México.

 

Peña Nieto se comprometió a erradicar la corrupción. Hoy en día, México carece de los tres principales fiscales para ejecutar ese proyecto

 

Si es cierto, como sin duda lo es, que a más evolución democrática, mejores sistemas de impartición de justicia y más consolidación del Estado de derecho, y a la inversa, entonces México tiene un largo camino por recorrer ante un PRI arbitrario y déspota que atropella leyes e instituciones sin consecuencia alguna. Lo anterior es posible porque, como bien decía Alfonso Martínez Domínguez, expresidente del PRI: “Lo único peor al PRI es la oposición política mexicana”. Por supuesto que no existen las culpas absolutas, por lo que no cabe alegar la inocencia del PAN ni de otros partidos supuestamente opositores. En una docena de años más, el PRI cumplirá un siglo de hegemonía política en México. Ni Fox ni Calderón pudieron —tal vez ni siquiera lo intentaron— desmantelar el sistema priista, que entre otros “aciertos” sepultó a 50 millones de mexicanos en la pobreza, el caldo de cultivo ideal para el arribo de un temerario populista del corte de López Obrador, un Donald Trump de extracción tropical que pretendería gobernar con ideas sacadas del bote de la basura de la historia de las doctrinas políticas y económicas.

Peña Nieto se comprometió a erradicar la corrupción durante su campaña electoral. Hoy en día, México carece de los tres principales fiscales para ejecutar ese ambicioso proyecto. Renunció el fiscal general con argumentos ingrávidos; depusieron al fiscal electoral con argumentos ingrávidos y en cinco años de patética corrupción de la presente Administración no se ha podido nombrar a un fiscal anticorrupción con los mismos argumentos ingrávidos de siempre. El PRI sabe cómo dominar a la oposición a cambio de prebendas políticas o simplemente entregándole enormes cantidades de dinero negro.

Santiago Nieto, el fiscal encargado de investigar los delitos electorales, fue removido de su cargo en los últimos días por cumplir con su deber. Nieto había denunciado los delitos cometidos en Veracruz, Quintana Roo, Coahuila y Chihuahua, y comenzaba a investigar el tráfico de influencias conocido como Odebrecht, un escandaloso caso de corrupción hemisférico con notables personalidades políticas acusadas de corrupción en América Latina, salvo en México, el único país en donde no se han conocido culpables enjuiciados que, por otro lado, se ocultan en una densa bruma.

Santiago Nieto fue removido del cargo porque se convirtió en un fiscal incómodo para el sistema, tan incómodo que su presencia en el cargo resultaba abiertamente inconveniente de cara al proceso electoral del 2018. ¿Qué tramará de nueva cuenta el PRI? ¿Y cuál debería ser la responsabilidad de la oposición, peor, mil veces peor que el PRI? Rechazar en el “H.” (honorable) Senado, que no pasa de ser una patética carpa, la remoción de dicho funcionario para garantizar la transparencia electoral en los próximos comicios presidenciales, ciertamente claves en el destino de México.

De confirmarse la remoción de Nieto, nadie tendrá derecho a quejarse en el 2018. México habría perdido a un funcionario de excepción que finalmente impartiría justicia después de 700 años de ser gobernados de acuerdo a los estados ánimo o a los intereses de los gerifaltes en turno… Seguiremos siendo el México bárbaro del que nadie quisiera acordarse…    

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