La Capilla Sixtina

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CARLA MASCIA

“Sí, el periodismo mata”, se puede leer en el editorial del diario belga Le Soir dedicado al asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, el pasado 16 de octubre. Pero sobre todo, el periodismo mata en Europa, y en el siglo XXI. La periodista, de 53 años, dedicó su vida a denunciar la corrupción que gangrena a su país —la isla ocupa el número 47 del último ranking sobre corrupción de la ONG Transparencia Internacional— y a su clase política. Caruana Galizia atacó precisamente a esa clase política revelando, el pasado mes de mayo, las sospechas de corrupción que afectaban al entorno del primer ministro, Joseph Muscat, y en particular a su mujer, Michelle Muscat, cuyo nombre aparece en los “papeles de Panamá”. La libertad de expresión y el Estado de derecho están amenazados, destacan de forma unánime los editoriales de la prensa internacional.

El asesinato de Caruana Galizia no es un caso aislado sino una amenaza global y “para los periodistas de todo el mundo, esto ahora es habitual”, escribe The New York Times. “Son detenidos en masa y encarcelados en Turquía, asesinados en Rusia y Filipinas. En la India, Gauri Lankesh recibió varios disparos el mes pasado frente a su casa. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuestiona el patriotismo de los periodistas por hacer su trabajo y se burla de ellos ante una multitud enfurecida”, recuerda. Según el diario estadounidense, la muerte de Caruana Galizia es sintomática del estado de deterioro en el cual se encuentra la democracia en Malta.

En el punto de mira de la crítica del diario están tanto la inacción de la policía —la periodista la alertó dos semanas antes de su asesinato de que había recibido amenazas de muerte, pero no le hicieron caso— como “el acoso” ejercido contra ella por la justicia: “En febrero, un tribunal de Malta ordenó congelar sus cuentas bancarias dando la razón a dos funcionarios del Gobierno que la demandaron por difamación tras ser acusados por la periodista de frecuentar un burdel”. The New York Times concluye recordando que la mejor manera de rendir homenaje al trabajo de Caruana Galizia es que “los líderes políticos que se dicen demócratas denuncien la demonización de los periodistas y que los reporteros puedan seguir ejerciendo su papel esencial en la democracia sin temer acosos”.

Más incisivo y critico aún, The Guardian considera que el asesinato de Caruana “dice mucho de la amenaza a la libertad de expresión en el país y de la atmósfera de impunidad y violencia que se ha apoderado del archipiélago”. El diario británico, que recuerda que Malta ha sido etiquetado “paraíso fiscal de la UE”, señala el “lado más oscuro” de la isla con “15 tiroteos y atentados con coche bomba al estilo de la mafia” en la última década. Insiste que según un informe de Europol del mes de octubre, “el sindicato del crimen organizado de Calabria, la 'Ndrangheta, realizó una operación de lavado de dinero de 2.000 millones de euros a través de compañías de apuestas en línea maltesas”. Sector que representa el 10% del PIB del país, asegura el diario.

La crítica de The Guardian no se detiene allí. La publicación subraya que, además, gran parte de los ingresos de Malta proviene de la venta de pasaportes de la UE a “extranjeros ricos”, lo cual representa, según el diario, casi el 16% de sus ingresos. “Dado que muchos fueron entregados a oligarcas de Eurasia, uno puede entender porqué la señora Caruana Galizia decía estar enfrentada no a una democracia sino a un Estado mafioso”, denuncia. “Su coraje le costó la vida. No puede haber sido en vano”, apunta el periódico concluyendo su editorial con una llamada a la UE a actuar para restablecer el Estado de derecho en Malta: “Los ciudadanos europeos aceptan la gobernanza de la UE porque está constituido de Estados democráticos. Cuando uno de sus países miembros retrocede y daña a la democracia, cuando una vida se pierde en la búsqueda de la verdad, entonces la UE tiene que tomar medidas”.

“La cultura de la impunidad” que impregna el Estado maltés es también el foco de la crítica de Financial Times, que hace un paralelismo con los asesinatos a sueldo practicados antiguamente en la Unión Soviética. El diario británico considera que el asesinato de Caruana Galizia “es un ataque directo al corazón de Europa y a sus valores fundadores que son la libertad de expresión y el Estado de derecho” en un “contexto mundial de aumento de las violencias contra los periodistas”. El atentado contra la redacción de la revista satírica francesa Charlie Hebdo en 2015 ha sido, según FT, un recordatorio de que la libertad de prensa no solamente está amenazada en Oriente Próximo o Latinoamérica. “Ver este tipo de violencia estallar en Europa es alarmante”, señala.

Si bien la publicación considera “bienvenida” la condena del atentado por el primer ministro, insta a Muscat a “asumir sus responsabilidades”. Malta se ha convertido en un Estado cuya economía depende de “forasteros ricos” sobre los cuales las autoridades tienen poco poder coercitivo, particularmente en materia de transparencia. Al igual que The Guardian, el diario termina su editorial destacando que “la mejor manera de honrar la memoria de Caruana Galizia reside en garantizar a los ciudadanos la posibilidad de vivir en una Europa donde semejantes asaltos contra la libertad de expresión, la transparencia y el Estado de derecho son inconcebibles”.

“El periodismo, el verdadero, es una profesión que solo tiene a un maestro: la búsqueda de la verdad, y en particular, la voluntad de verificar a través de la investigación y la fuerza de los hechos que las palabras se respetan, las leyes se aplican, las libertades se garantizan, es decir, que se preserva la democracia. ¿Es grandilocuente? No, es terriblemente difícil. Incluso es mortal”, escribe la editorialista del diario belga Le Soir, Béatrice Delvaux. La periodista insiste en que el periodismo que investiga, que destapa escándalos, “no es la obra de personas frustradas o vendidas a la competencia” y añade dirigiéndose al presidente de EE UU, Donald Trump: “El periodismo tampoco es ese felpudo sobre el cual usted se limpia los zapatos continuamente con la excusa de que los que escriben cosas que lo molestan son fatalmente autores de fake news”.

“Llevaremos la pluma dentro de la herida”, asegura Delvaux, cuyo periódico junto a otras 13 publicaciones—entre las cuales están el diario alemán Der Spiegel o el medio digital francés Mediapart— publicó, el pasado mayo, los llamados “papeles de Malta”. “Ahora los periodistas también trabajamos en red”, recuerda desafiante.    

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