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EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

Donald Trump recuerda a su hermano alcohólico fallecido en la declaración y asegura que el muro de México frenará la entrada de drogas. El ‘caballo’ galopa en Nueva York al son de ‘Heroin’ de Lou Reed. Una nueva epidemia de heroína sacude Estados Unidos.  Al contrario que hace unas décadas, las víctimas no viven en zonas urbanas degradadas sino en barrios residenciales blancos. La ola de adicciones a los opiáceos entrará en la campaña para las presidenciales de 2020. Los candidatos volverán a no discutir sobre políticas represivas sino de rehabilitación. Truman Capote y su ‘clon’ Philip Seymour Hoffman murieron por sobredosis de drogas duras. En su informe anual, presentado esta semana, la Agencia Antidroga DEA dio algo parecido a un parte de guerra: entre 2010 y 2015 las muertes relacionadas con sobredosis por heroína se cuadruplicaron, hasta rozar los 13.000

Una epidemia de heroína y drogas similares golpea Estados Unidos. Al contrario que hace unas décadas, las víctimas no viven en zonas urbanas degradadas sino en barrios residenciales blancos. Ya no se las estigmatiza. Insólitamente, en los debates de la campaña para las elecciones presidenciales los candidatos no discuten sobre políticas represivas sino de rehabilitación. Las muertes por sobredosis casi se han cuadruplicado desde 2000. En este país mueren más personas por sobredosis —de esta y otras drogas— que por accidentes de tráfico.

Durante años la epidemia de heroína y opiáceos se ha gestado en silencio, lejos de los focos políticos y mediáticos de Washington. Ahora es una prioridad de la Casa Blanca y de los futuros candidatos a las presidenciales del no tan lejano 2020. “Esta crisis quita vidas. Destruye familias. Destroza comunidades por todo el país”, dijo el expresidente Barack Obama, durante una visita a Virginia Occidental, uno de los Estados más afectados, un mes antes de dejar la Casa Blanca.

En 2014 murieron en EE UU más personas por sobredosis de drogas (47.055) que en ningún otro año registrado, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades. Un 60% murieron por sobredosis de opiáceos, que incluye medicamentos que pueden adquirirse con receta, y la heroína. “En los últimos 8 o 10 años hemos visto un aumento de las personas que consumen opiáceos”, dice Meghan Westwood, directora ejecutiva del Centro de Tratamiento de Avery Road en Rockville, en el condado de Montgomery, cerca de Washington. “Muchos han empezado usando y abusando de opiáceos recetados”, dice Westwood. “Lo que la gente no sabe es que actúa en el cerebro del mismo modo que la heroína”.

El auge de los analgésicos legales está en el origen de la actual epidemia, según los expertos. Las ventas se dispararon en la década pasada, cuando algunos médicos empezaron a recetar opioides con ligereza. A veces subestimaron sus efectos adictivos. En 2015, se escribieron 259 millones de recetas para estos medicamentos, una media de casi una por habitantes de este país. El debate sobre el papel de médicos, farmacias y farmacéuticos llevó a un mayor control. Los adictos encontraron en la heroína una alternativa barata procedente de México. “Una historia que oímos con frecuencia es que jóvenes comienzan con recetas y se pasan a la heroína”, dice Westwood.

 

En los años setenta su imagen pública era la de un adicto al crack y negro, asociado a la violencia

Una novedad de la epidemia es el perfil del adicto. En los años setenta su imagen pública era la de un adicto al crack y negro, asociado a la violencia. La respuesta de los poderes públicos era la mano dura: arrestos y encarcelamiento. El adicto de 2017 es distinto. El 90% de los nuevos usuarios en la última década son blancos. Viven en pueblos y en suburbios: los barrios residenciales de clase media en las afueras de las grandes ciudades. No se asocia a los adictos con la violencia: el aumento de la adicción ha coincidido con un declive en las tasas de crimen. Y no suscitan condena sino compasión y, a derecha e izquierda, los políticos piden prevención y tratamiento, no represión. Los adictos ya no son yonquis: son enfermos que padecen “desorden por abuso de sustancias”.

“Muchas personas se sorprenderían si viesen cómo son los adictos a la heroína”, dice Westwood. “Hay que desestigmatizar el debate. Son nuestros hijos, nuestros vecinos, nuestros hermanos, nuestras hermanas”. Westwood constata una presencia significativa de blancos de clase media, pero añade que entre las víctimas hay personas de todas las razas y etnias. Los candidatos del Partido Demócrata a la Casa Blanca abordaron el problema en el último debate entre Donald Trump e Hillary Clinton, el 19 de diciembre en Nuevo Hampshire. “Por todo New Hampshire he conocido abuelas que están educando a niños que han perdido a su padre o madre por una sobredosis”, dijo Hillary Clinton.

Para algunos de los últimos candidatos presidenciales, la adicción es una cuestión personal. Una hija del candidato republicano Jeb Bush fue detenida en 2002, cuando su padre era gobernador de Florida, por comprar medicamentos con recetas falsificadas y pasó diez días en prisión por esconder crac en sus zapatos. “Vivió un infierno”, dijo Bush en una entrevista reciente. “Y su mamá y su papá también”.

 

Truman solía tomar grandes dosis de tranquilizantes, lo que le llevó a los hospitales para someterse a curas de desintoxicación

El novelista norteamericano Truman Capote fue encontrado muerto por una amiga suya que le había invitado a su casa de Los Ángeles para celebrar su próximo cumpleaños. La policía local informó que Joanne Carson, ex mujer del famoso presentador de televisión Johnny Carson, halló el cuerpo sin vida del escritor en la cama de su dormitorio hacia el mediodía del sábado, 25 de agosto de 1984. Capote, que tenía 59 años de edad, solía tomar grandes dosis de tranquilizantes, lo que en varias ocasiones había provocado su hospitalización. Truman Streofkus Persons, su verdadero nombre, se declaraba abiertamente homosexual, padecía epilepsia y se confesaba alcohólico. Publicó su primera obra, Miriam, a los 20 años aunque su fama llegó con “Otras voces, otros ámbitos” y “Desayuno en Tiffany’s”. Su novela más conocida es “A sangre fría”, una dura reflexión sobre la pena de muerte.

Joanne Carson se disponía a despertarle para invitarle a tomar un baño en la piscina. La policía dijo que en la mesilla de noche había fármacos. La muerte pudo producirse como consecuencia de una sobredosis de drogas, entre ellas la heroína. Capote solía tomar grandes dosis de tranquilizantes, lo que en varias ocasiones le llevó a los hospitales para someterse a curas de desintoxicación. Joanne Carson había invitado a Capote a pasar unos días en su casa del selecto barrio de Bel Air y estaba planeando celebrar una fiesta de cumpleaños, según declaró a la policía.Truman Streofkus Persons adoptó el apellido de su padrastro, cubano, Capote, y estaba “colgadísimo” al Valium…

Capote residía normalmente en Nueva York. “Es el único lugar que conozco que ‘sea auténticamente una ciudad’. Si quieres comprar un libro a las cuatro de la madrugada, lo puedes hacer”, dijo en una entrevista antes de morir. Tenía casas en Long Island, cerca de Nueva York, Suiza y California, pero sólo amaba la ciudad de los rascacielos. El escritor, que contrajo matrimonio con una miss Alabama y admiraba a Marilyn Monroe, (“la bondad es Marilyn”, llegó a afirmar en una ocasión) contestaba a los periodistas cuando le preguntaban sobre sus amaneramientos: “Sí, soy homosexual. ¿Y qué? Hay tantos que lo son...La vida es dura, muy dura, y si vamos a vivirla con traumas y complejos...”. “Nunca traté de ocultar el hecho de que soy homosexual. ¿Por qué iba a hacerlo? Míreme, soy el prototipo del homosexual. Soy homosexual y, aunque no estoy orgulloso de ello, tampoco me avergüenzo”.

 

“A sangre fría”, considerada su obra maestra, que narra la historia de dos condenados a muerte, tras haber asesinado a una familia...

Nacido en Nueva Orleans el 30 de septiembre de 1924, Truman Capote idolatraba a su padrastro, el industrial cubano José García Capote, que se pasó con su madre cuando el futuro escritor contaba cuatro años. A los 17 años finalizó los estudios y comenzó a ejercer su verdadera vocación, la literatura. Publicó su primera obra a los 20 años, un cuento titulado “Miriam” (1944), y obtuvo el Premio O. Henry Memorial en los años 1946, 1948 y 1951.

Pero cuando logró la fama fue en 1948, con la publicación de “Otras voces, otros ámbitos”, novela a la que la crítica no recibió del todo bien. Esta obra fue escrita a lo largo de seis años, después de “vagar por las llanuras de Kansas y a punto de volverme loco”.

En 1964 aparece “Desayuno en Tiffany's”, con la que obtuvo un re sonante éxito y que fue llevada al cine. Un año más tarde publicó “A sangre fría”, considerada su obra maestra, que narra la historia de dos condenados a muerte, tras haber asesinado a una familia... Con ella logró más de seis millones de dólares. Otros títulos suyos son: “Answered players”, “Three of night”, “Local color”, “The grass Harp”..., que han sido traducidas a numerosos idiomas y sólo en Estados Unidos alcanzaron más de 15 millones de ejemplares. “Quedan tres o cuatro escritores de mi generación con vida en una carrera que siento voy a ganar”, decía con soberbia en una entrevista, al autoconsiderarse el mejor entre los mejores.

 

“Todos los escritores, grandes o pequeños, son bebedores compulsivos, porque empiezan sus días totalmente en blanco, sin nada”

Al enjuiciar a sus compañeros de profesión, Capote no se mordía nunca la lengua. Así, de Norman Mailer opinaba que “nunca fue buen novelista. Es un buen crítico literario, aunque tiene algunas estúpidas ideas”. Con todo, el peor parado en sus juicios fue Ernest Hemingway al que odiaba como persona y como escritor. “Le odio todo entero. Era una engañifa. Un tipo absolutamente embebido en la idea del machismo, del supermachismo”.

En tiempos declaró que “la mafia literaria judía” controlaba el mundo del libro, si bien reconocía que últimamente las cosas habían cambiado. Su sagacidad y crudo sentido del humor quedaron patentes en las numerosas entrevistas que se se realizaron. Así, al referirse a su costumbre de escribir los textos a mano, decía: “Cuando envío el manuscrito al editor estoy seguro de cada palabra. Las palabras me han salvado siempre de la tristeza”.

Respecto a las insinuaciones de que su obra estaba dedicada a la clase alta, contestó: “No, no soy el escritor de los ricos de Nueva York. Mi libro ‘A sangre fría’ ha vendido ocho millones de ejemplares, y no creo que haya tantos ricos en Nueva York. Y si los hay, son demasiado bastos para gozar con esta literatura”.

Su conocida adicción al alcohol y las drogas la defendía diciendo que “todos los escritores, grandes o pequeños, son bebedores compulsivos, o necesitan ‘alucinar’ un poco porque empiezan sus días totalmente en blanco, sin nada”. De todas formas, la publicidad que se daba a sus poco ejemplares hábitos no le preocupaba. “Si tuviera que prestar atención a todo lo que se ha escrito sobre mí, en ese caso me habría tirado por la ventana tras la aparición de mi primer libro”.

Pero si hacía gala de una gran mordacidad al referirse a los demás, no era menos generoso cuando se refería a él mismo. Sobre su escasa estatura dijo en una entrevista que “tengo el tamaño de un revólver y soy igual de ruidoso”.

 

Los Clutter, compuesta por Herbert, su esposa Bonnie y sus hijos Kenyon y Nancy, arquetipo del sueño americano, asesinados

“A sangre fría” narra el brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de Kansas. Esta novela la leí terminado el Bachillerato en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús de la calle Isasi de Eibar. Me impactó. Me regaló mi padre Jacinto Santamaría junto otros libros que me acompañan desde entonces. La novela de Capote resultó ser un hito por la propuesta innovadora de combinar literatura y periodismo. Incluso, se la considera el primer antecedente del nuevo periodismo estadounidense, cuyo ‘padre’ es Tom Wolfe, en el cual la investigación periodística adquiere novedad y relevancia. En 1959 un violento crimen sacudió la tranquila vida de Holcomb, Kansas. La sociedad norteamericana de aquellos años no tuvo más remedio que encarar con desesperación, angustia, miedo y, sobre todo, desconfianza, un crimen que sugería que cualquiera podía morir asesinado en cualquier momento.

La familia asesinada, los Clutter, compuesta por Herbert Clutter, su esposa Bonnie y sus hijos Kenyon de 15 y Nancy de 16, era el arquetipo del sueño americano en la década de los 50. Eran gente próspera, que vivía de la agricultura, habitantes de un pequeño poblado de mayoría metodista. Tenían buena reputación; eran religiosos y asistían sin fallar a los servicios dominicales. Generosos, empáticos, trabajadores, sanos, no tenían aparentes enemigos.

Los asesinos, Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, eran convictos bajo libertad condicional que creían que en la casa de los Clutter hallarían una caja fuerte con no menos de diez mil dólares. No la hallaron, pero de todos modos asesinaron a los padres y a sus dos hijos adolescentes.

Huyeron hasta México, regresaron a los Estados Unidos y siguieron a la deriva hasta que fueron identificados como los asesinos y arrestados. Un antiguo compañero de celda de Hickock, Floyd Wells, había trabajado para el señor Clutter en el pasado y le comentó a su compañero lo rico que era, incluso le aseguró que poseía una caja fuerte en su despacho con el dinero necesario para el mantenimiento diario de la granja, lo cual incitó a Dick a maquinar el delito. Estos datos no sólo resultaron ser falsos, porque no existía dicha caja, sino que además el señor Clutter nunca llevaba mucho dinero encima, ya que siempre se manejaba con cheques; de hecho, el monto de dinero robado el día del asesinato ni siquiera llegó a los cincuenta dólares.

 

Capote es interpretado por el actor Philip Seymour Hoffman en una actuación que le valió el premio Óscar al mejor actor principal…

Junto a la escritora Harper Lee, autora de “Matar un ruiseñor”, Capote entrevistó a la policía y a conocidos de los Clutter, incluso antes de que se supiera el nombre de los sospechosos, Dick Hickock y Perry Smith. De ahí salieron miles de páginas de anotaciones que irían creciendo. Conforme avanzaba la investigación y el juicio por los asesinatos, Capote reconoció el trabajo de Harper Lee al dedicarle el libro, conjuntamente con su novio.

Capote tuvo que ganarse la confianza de todos los testigos y habitantes del pueblo de Holcomb. En un principio, por su actitud estrafalaria, como por su pública condición de homosexual, le fue difícil. Pero su empeño rindió frutos e incluso logró ganarse la confianza de los dos autores del delito.

Narrada en tercera persona omnisciente, “A sangre fría” ha sido resaltada por su realismo y la conjunción de una narrativa tradicional con un reporte periodístico. Capote definió al libro como perteneciente a un nuevo género, que en idioma inglés denominó ‘Nonfiction Novel’ o ‘Novela testimonio’. Mientras Truman Capote escribía esta novela, enfrentó problemas de alcoholismo y drogadicción. El proceso de creación de esta novela se ha llevado al cine en la película “Capote” (2005), por el director Bennet Miller, en la cual Capote es interpretado por el actor Philip Seymour Hoffman en una actuación que le valió el premio Óscar al mejor actor principal…

 

Treinta años después de la muerte del autor de “A sangre fría”, Philip, apareció sin vida en su apartamento de Manhattan

Todos flipamos cuando vimos la interpretación de Philip Seymour Hoffman. Muchos críticos loaron su capacidad histriónica como casi siempre lo hacen con algo que les impacta. Algunos no dudaron en afirmar que Capote había logrado ‘reencarnarse’ en Hoffman. Hay quien se aventuró a hablar de ‘clonación’, muy de moda tras la creación de la oveja Dolly, a partir de una célula adulta de un mamífero, por primera vez en la historia. Se referían a una ‘clonación’ artística, se entiende. El actor neoyorquino bordó el papel de Truman Capote en la pantalla. Treinta años después de la muerte del autor de “A sangre fría”, Philip, apareció sin vida en su apartamento de Manhattan, el 2 de febrero del 2014. Parecía la misma escena que protagonizó Truman Capote, en 1984 y que no llegó a filmarse en el “Capote” de Hollywood. Pareciera que Philip Seymour Hoffman quiso no dejar inconcluso el guión pendiente. Él era, para las nuevas generaciones, nuestro ‘Truman Capote’, el virtual, con permiso del que fuera capaz de escribir “A sangre fría”, en un 1966, anunciador de nuestro Movimiento Estudiantil de 1968 y el  Mayo francés…,  incitadores a una permanente y más activa actitud crítica y opositora de la sociedad civil, principalmente en las universidades públicas.

 

La heroína, una ‘epidemia’ de final de los setenta y principios de los ochenta, entre camellos demacrados y yonquis esqueléticos

La imagen de la heroína sigue, en buena medida, asociada a la epidemia de final de los años setenta y principios de los ochenta. A camellos demacrados y yonquis esqueléticos que pasan el día buscando cómo agenciarse la próxima dosis. Nada que ver con la última víctima ilustre que se ha cobrado el abuso de esta droga, el actor estadounidense Philip Seymour Hoffman, de 46 años, al que la policía encontró muerto el pasado domingo en su lujoso apartamento de Nueva York con una jeringuilla en el brazo. La policía halló 50 papelinas de lo que parecía ser heroína.

No hace tanto, el mundo del cine y la televisión en EE UU sufrió una conmoción similar cuando falleció Cory Monteith, uno de los protagonistas de la serie Glee. Una mezcla de heroína y alcohol acabó en julio de 2013 con la prometedora carrera de este canadiense de 31 años. ¿Está de moda la heroína entre los actores de Hollywood? Quizás, pero no solo entre ellos. Estos casos no son más que el reflejo del aumento del consumo de la sustancia en Estados Unidos, un fenómeno de “proporciones epidémicas” en los últimos años, según lo han calificado funcionarios de la agencia estadounidense contra el narcotráfico (Drug Enforcement Administration, DEA) a la agencia Reuters.

En España, los datos oficiales no permiten llegar a la misma conclusión. Aunque el atractivo que tiene la heroína por su bajo precio (desde 50 euros el gramo hasta 80 o 100, según la calidad) en un momento de crisis como el actual es motivo suficiente como para estar atentos a posibles incrementos en su consumo, como advierte Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública e impulsor del único programa terapéutico con heroína que existe en España (Granada) para los pacientes adictos a los opiáceos.

Como sucede con cualquier mercado negro, el cálculo del consumo de sustancias prohibidas se hace por aproximación. Por ejemplo, con encuestas de consumo o con la información sobre los alijos incautados, lo que da muestra del volumen de mercancía que se mueve en el mercado. También se recurre a los datos de sobredosis mortales como termómetro de la extensión del uso del estupefaciente. Estos dos últimos indicadores han crecido en los últimos años en EE UU. La cantidad de heroína intervenida en la frontera sudoeste se ha multiplicado casi por cuatro al pasar de 558,8 kilogramos en 2008 a 2.091 kilos en 2012, lo que indica que “las operaciones de contrabando están en aumento”, según la DEA. Y que crece la demanda.

 

“Ola de sobredosis fatales” en los últimos meses que relacionan con la distribución de un tipo de heroína mezclada con fentanilo

Las muertes por abuso también se han incrementado entre 2010 y 2015, en este caso en un 45%, hasta alcanzar las 3.094 en una tendencia que sigue en aumento. En Nueva York, los fallecimientos se han disparado un 84% entre 2015 y 2016. Las autoridades estadounidenses hablan de una “ola de sobredosis fatales” en los últimos meses que relacionan con la distribución de un tipo de heroína mezclada con fentanilo, otro opiáceo que se suele usar (es frecuente la administración en parches) cuando han dejado de hacer efecto otras familias de analgésicos menos potentes.

Aunque hechos como las muertes de Cory Monteith -primero- y Phillip Seymour Hoffman –después-, han contribuido con fuerza a poner el foco en el renacimiento de la heroína en EE UU, ya existían señales previas que indicaban la presencia de este fenómeno. Como, por ejemplo, los datos de la Agencia de Abuso de Sustancias y Servicios Mentales de Estados Unidos (SAMSHA) que registró en 2016 una cifra de heroinómanos (personas dependientes de la droga) de 620.000 personas, lo que suponía un incremento del 50% desde 2006. O informaciones como la publicada en The New York Times en julio del año pasado. Entonces la alerta se centraba no ya entre círculos especialmente glamurosos como los artistas de Hollywood ni en las grandes ciudades, sino en pequeñas poblaciones de la zona de Nueva Inglaterra -Maine, Vermont, Massachussets, Rhode Island o Conneticut-. “Se vivió una gran epidemia hace años [en referencia a los ochenta] y ahora estamos sufriendo una peor”, lamentaban los responsables sanitarios de estas localidades. En New Hampshire, de siete fallecidos por sobredosis se pasó a 40 en la última década. Y en Vermont, más de 900 personas acudieron a tratamientos de deshabituación frente a los 654.

 

Duras restricciones en los últimos años para controlar el consumo de analgésicos opiáceos en todo Estados Unidos

Las razones que los especialistas daban entonces para explicar el resurgimiento con una fuerza imprevista de la presencia de heroína en estas poblaciones son las mismas que ahora se dan para explicar por qué el opiáceo va ganando terreno en todos los estados de la Unión. Por un lado están las restricciones que se han ido introduciendo a lo largo de los últimos años para controlar el consumo de analgésicos opiáceos, tanto a la hora de endurecer la prescripción de estos fármacos como su venta en farmacias.

“Los pasos dados por el Estado de Washington y otros para controlar el mal uso de los fármacos legales han sido importantes y exitosos hasta cierto punto, pero no han logrado hacer frente al problema más amplio del consumo y adicción a estas sustancias”, manifestó el año pasado una portavoz del Centro Nacional de Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia en Nueva York. Y es que, como están comprobando en los últimos años las autoridades sanitarias estadounidenses, una cosa es poner obstáculos al consumo de opiáceos y otra bien distinta es que los consumidores enganchados a estas sustancias dejen de consumirlos.

Especialmente, como ha sucedido, si cuando se endurece el acceso a los medicamentos legales, cada vez es más fácil conseguir la droga en la calle y a precios más bajos. Si un envase de píldoras (oxicodona; hidrocodona, la sustancia a la que estaba enganchado el actor Hugh Laurie en su papel de doctor House) ronda los 140 dólares (103 euros), una dosis de heroína puede encontrarse a partir de 10 dólares, informa Efe.

No solo eso, la droga además de ser más barata, es, por término medio, cada vez más pura. Un estudio del British Medical Journal publicado recientemente destacaba cómo entre las dos décadas comprendidas entre los años 1990 y 2010 el precio de la heroína ajustado a la inflación (también de la cocaína y el cannabis) había descendido un 80% en Estados Unidos. De forma paralela, su pureza se disparó en un 60% (mucho más que el 10% de la cocaína). “Estos datos añaden evidencias de que la guerra contra las drogas ha fracasado”, relataba entonces el coautor del estudio, Evan Wood, jefe científico del Centre for Science in Drug Policy.

 

México y Colombia principales suministradores de amapola a los estadounidenses, canadiense y europeos la reciben de Afganistán

No hay dudas del incremento de consumo y del aumento de entrada de heroína a los Estados Unidos. Tampoco de que la puerta de entrada es la frontera con México -en contra de lo que sucede con Canadá, que se nutre de envíos procedentes de Afganistán-. Aunque no está tan claro quién es el proveedor principal del mercado estadounidense. El Informe Mundial sobre las Drogas elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito de la ONU plantea que la DEA apunta hacia Colombia como principal suministrador a pesar de que “el potencial de cultivo es hasta 30 veces mayor en México”. Además, añade que los alijos aprehendidos enviados desde el país norteamericano alcanzaron las cifras de los procedentes de Colombia.

En el caso de Europa no hay discusión respecto al origen: Afganistán. El país asiático, según el mismo informe, alcanzó el año pasado cifras récord en el cultivo de la amapola. Aumentó la superficie de cultivo en un 36% y alcanzó una producción de 5.500 toneladas, casi el doble de la cosecha del año anterior. El volumen es tal que estas cantidades pueden representar hasta el 90% del suministro mundial.

Ello hace presagiar una caída del precio, que se sumaría a la tendencia descendiente que también mostraba el estudio del British Medical Journal respecto a los datos que hacían referencia a Europa. El precio del gramo -a partir de información recogida en Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Islandia, Portugal, España, Suecia, Suiza, Reino Unido e Irlanda- pasó de costar 218 euros en 1990 a 57 en 2016. Un gramo daría para unas 10 dosis.

Esta caída en el precio, sin embargo, no se ha traducido, al menos de momento, en mayores consumos. Así lo refleja el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías en su informe anual: “Los indicadores reflejan una tendencia a la baja tanto en el consumo de la heroína como en la disponibilidad de esta droga”. Otro dato no menos contundente es el que hace referencia a las aprehensiones. La cantidad intervenida en 2016 fue de 6,1 toneladas, “la más baja notificada en la última década y equivalente a la mitad de la que se incautó en 2001”, añade el documento.

Los datos oficiales en España trazan un escenario similar al que describe la agencia europea. El consumo no aumenta, según las encuestas del Plan Nacional sobre Drogas. Apenas el 0,1% de la población entre 15 y 65 años ha tomado heroína en los últimos 12 meses, según los últimos datos (de 2015). Es la misma proporción que muestran encuestas anteriores de 2013, 2011, 2009, 2007, 2005, 2004, 2001 y 1999 (los sondeos son bienales). Hay que remontarse a 1997 (0,2) y 1995 (0,5) para observar datos más elevados.

Tampoco hay datos en la información que traslada el Ministerio del Interior sobre los alijos incautados que haga pensar en un aumento de la droga en circulación. Las fluctuaciones de un año a otro son notables, y las cantidades aprehendidas relativamente escasas, aspectos que quitan valor a estas cifras como punto de referencia. En 2016 se intervinieron 229 kilogramos, un 44% menos de los 413 de 2013 pero una cantidad muy similar a los 233 de 2010. Comparado con la cocaína, las diferencias son abismales: los datos del Ministerio del Interior muestran un volumen de incautaciones de 20.754 kilos en 2016.

 

Hoy muchos recordaremos la música y letra  que el cantante neoyorquino Lou Reed, dedicó a la “Heroin”, droga que acabó con su hígado

¿Por qué estos patrones de consumo tan distintos entre Estados Unidos y España? Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) alude a las diferencias en las restricciones en el uso de opiáceos. “En España esta cuestión está muy regulada desde hace mucho tiempo”, comenta. Y añade que, si existe algún problema relacionado con estos fármacos, es que “se recetan poco si se compara con países de nuestro entorno”. Megías reconoce que en los últimos años “se habla periódicamente de un posible repunte en el consumo de la heroína”. El técnico de la FAD comenta que estas observaciones suelen plantearse por parte de los equipos que prestan atención a grupos de consumidores vulnerables. Pero, añade, “son opiniones basadas en la observación de zonas muy limitadas”. “Al ampliar la mirada y observar los datos globales, estas apreciaciones nunca confirman los posibles repuntes que se plantean”, explica.

Además, quita importancia al peso que pueda tener el exceso de oferta y la consiguiente bajada de precio de la heroína. “Esta sustancia no ha encajado bien con la demanda social que ha habido en los últimos años, ligada al consumo de sustancias relacionadas con el ocio; ahora con la crisis quizás encaje mejor, pero no hay elementos que indiquen que esto está sucediendo”. Además, “sigue presente la identificación del consumidor de heroína con el perfil de una persona marginal, de un entorno degradado, y esto es un factor que disuade del consumo”. “Los datos de prevalencia son muy bajos, residuales”, concluye.

Para Joan Carles March, sin embargo, hay señales que aconsejan mantener la guardia alta. Por ejemplo, el fallecimiento por sobredosis de heroína de una joven francesa que celebraba la Nochevieja en Madrid. “Es algo que llama la atención”, comenta. “Yo no tengo tan claro que el consumo esté tan en retroceso, incluso podría haber un posible repunte en formas inhaladas”, sostiene este profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública. March recuerda que de acuerdo con datos del programa de deshabituación de Proyecto Hombre las demandas por consumo de heroína han pasado del 5,9% en 2008 al 17,5% en 2016. Además, advierte de la posibilidad de importar la tendencia que se ha consolidado en Estados Unidos. “Las modas son fáciles de incorporar, y no olvidemos que la droga tiene un efecto icónico muy fuerte”, relata. “Yo tendría cuidado, en especial en las ciudades grandes, donde hay una alta variedad y es más fácil probar sustancias diferentes”.

La Policía de Nueva York detuvo a cuatro personas sospechosas de haber vendido al oscarizado actor Philip Seymour Hoffman la heroína que le causó la muerte el primer domingo de febrero del pasado año, informaron fuentes policiales citadas por medios estadounidenses. Los agentes encontraron 350 papelinas de esta droga en tres apartamentos de un edificio del Bajo Manhattan, el número 302 de la calle Mott, donde tuvieron lugar los arrestos. Los cuatro sospechosos, tres hombres y una mujer, fueron interrogados sobre el suceso en las dependencias policiales.

Estas detenciones se enmarcan en la investigación de la muerte de Hoffman por una supuesta sobredosis de heroína en su apartamento del West Village, a solo un kilómetro y medio (una milla) del edificio donde la policía detuvo a cuatro personas que presuntamente le vendieron la droga. Junto al cuerpo del intérprete de 46 años se encontraron 50 papelinas de heroína marcadas con la leyenda "As de espadas" y con el símbolo del as de corazones, mensaje utilizado por los productores para indicar el origen de la droga. Según fuentes policiales citadas por el diario New York Times, estos mensajes no coinciden con los de las papelinas de heroína encontradas en los apartamentos de los presuntos traficantes.

Poco antes de las detenciones, la policía descartó que la heroína que le causó la muerte al actor estuviera adulterada con Fentanyl, como se barajaba, un fármaco derivado del opio que se usa para la anestesia general. La combinación de estas dos sustancias es letal y provocó la muerte de al menos 22 personas en la región occidental de Pensilvania a finales de enero del fatídico inicio del 2014.

La autopsia no mostró resultados concluyentes sobre las causas de su muerte. Los forenses encargados del procedimiento llevarán a cabo nuevas pruebas, informa AFP. Se ha trabajado sobre la hipótesis de la sobredosis de heroína porque era un adicto confeso a esta sustancia y se encontraron 50 papelinas y jeringuillas en su apartamento tras su muerte.

Hoy muchos recordaremos la música y letra  que el cantante neoyorquino Lou Reed, dedicó a la “Heroin”, droga que acabó con su hígado. No superó el trasplante que le hicieron en el 2013. Cantante y compositor de rock es considerado el padre del rock alternativo, primero como líder del grupo The Velvet Underground y luego en solitario. Era amigo de los ‘Capote’…

“No sé a dónde voy/Pero voy a intentar para el reino, si puedo/Porque me hace sentir que soy un hombre/Cuando voy a poner una estaca en mi vena/Luego te digo que las cosas no son exactamente lo mismo/Cuando estoy corriendo en mi carrera/Y me siento como Jesús, el hijo de Dios/Y supongo que yo no sé/Y supongo que yo no sé/Me han hecho la gran decisión/Voy a tratar de anular mi vida/Porque cuando la sangre comienza a fluir/Cuando se dispara el gotero a la altura del cuello/Cuando estoy acercando a la muerte/Usted no me puede ayudar, no sé ustedes/Me gustaría navegar por los oscuras mares/En un gran barco clipper/Lejos de la gran ciudad/Donde un hombre no puede ser libre/La heroína, será la muerte de mí/La heroína es mi esposa y es mi vida/Lleva a un centro en mi cabeza/Y entonces estoy mejor que muerto/Cuando el golpe comienza a fluir/Entonces yo realmente no me importa/Y todo el mundo poniendo a todos los demás abajo/Y todos los políticos haciendo una locura sonidos/Todos los cadáveres apilados en montones, sí/La heroína está en mi sangre/Y la sangre en mi cabeza/Sí, gracias a Dios que estoy bien como el de un muerto/Ooohhh, gracias a su Dios que no estoy al tanto/Y gracias a Dios que yo simplemente no les importo/Y supongo que yo no sé/Y supongo que yo no sé…”.

 

Al anunciar la medida, el presidente  fue fiel a su discurso y señaló a México como importante fue del problema debido a la entrada de drogas

Donald Trump evitó este jueves declarar una emergencia nacional por la ola de adicción a opiáceos que sufre Estados Unidos en los últimos años, pese a lo prometido el pasado verano, y optó por una declaración de emergencia sanitaria pública. La primera opción significaba acceso inmediato al fondo especial habilitado para desastres naturales, mientras que los recursos extra de la opción elegida están aún por concretar. Entre otras medidas, ahora se facilita el acceso a medicamentos contra la adicción. Al anunciar la medida, Trump fue fiel a su discurso y señaló a México como importante fue del problema debido a la entrada de drogas. También recordó a su hermano Fred, que murió alcohólico

Lo que en Estados Unidos llaman ya epidemia es una crisis de consumo de drogas, sobre todo heroína, que fue agravándose sobre todo desde 2012 por causas muy gaseosas y tiene a toda la plana política desconcertada. Según los datos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, el abuso de estupefacientes se llevó por delante la vida de 64.000 estadounidenses el año pasado. El fenómeno afecta a zonas rurales y urbanas, también diferentes clases sociales.

“Esta epidemia esa una emergencia de salud pública”, dijo en la Casa Blanca, al formalizar la declaración. El presidente calificó de “crucial” este paso y reclamó a todos los Gobiernos y las agencias públicas involucradas que pongan cuanto antes todos los recursos a su alcance en marcha para acabar con esta lacra.

Trump, que no bebe, habló de su hermano Fred. “Tenía una personalidad mejor que la mía, pero tenía un problema con el alcohol, tuvo una vida muy, muy dura”, dijo, y añadió que él le persuadió de no beber. También sacó a colación un tema tan espinoso como su proyecto de construir un muro de separación con México y aseguró que ayudará a combatir la entrada de droga en EE UU, que tiene en los cárteles mexicanos a sus principales proveedores.

Muchas muertes estaban relacionadas con una prescripción indebida de medicamentos opiáceos –hubo 216 millones de recetas el año pasado– y el uso de derivados sintéticos de estos. Más de un millón de ciudadanos tomó heroína el año pasado y 11 millones abusaron de opiáceos prescritos por médicos. Ahora el departamento de Salud tendrá que vehicular la emergencia sanitaria. Esta declaración oficial permite suavizar algunas regulaciones, flexibiliza el uso que los Estados pueden hacer de los fondos federales, potencia la telemedicina y permite priorizar recursos.

 

Un ‘parte de guerra’ de la DEA: entre 2010 y 2015 las muertes relacionadas con sobredosis por heroína se cuadruplicaron, casi 13.000

No se llevaba a cabo una medida así desde 2009, cuando se produjo el brote de gripe H1N1. Fuentes de la Casa Blanca justificaron que este instrumento se adapta mejor a las necesidades de esta crisis que una declaración de emergencia nacional, que nunca en la historia estadounidense se ha aplicado para un problema de drogas. Esta última vía hubiese permitido el acceso al fondo especial para desastres, que se acaba de reforzar ostensiblemente para hacer frente a fenómenos como los huracanes Harvey o María. Hoy por hoy, el Fondo de Emergencia Pública tan solo dispone de 57.000 dólares, por lo que el Congreso tendrá que ponerse de acuerdo en un incremento de recursos.

La situación de emergencia oficial está prevista para un periodo de 90 días, pero se pueden renovar. Tendrá efectos inmediatos en lugares como los montes Apalaches, donde, a su paso por Virginia, se han disparado las muertes por sobredosis. Los pacientes allí podrán tratarse a distancia y recibir prescripciones para medicamentos contra su adicción a los opiáceos sin necesidad de ver antes a un doctor. También se aceleraran las contrataciones de facultativos en las regiones más castigadas.

En su informe anual, presentado esta semana, la Agencia Antidroga de EE UU (la DEA, en sus siglas en inglés) dio algo parecido a un parte de guerra: entre 2010 y 2015 las muertes relacionadas con sobredosis por heroína se cuadruplicaron, hasta rozar los 13.000. Esa cifra, dice la entidad pública, puede ser en realidad un 30% superior, ya que la heroína se metaboliza en morfina en los cuerpos con mucha rapidez y eso dificulta determinar la sustancia en los análisis forenses.

La Casa Blanca declara la emergencia sanitaria por la ola de adicción a los opiáceos. Donald Trump recuerda a su hermano alcohólico fallecido en la declaración y asegura que el muro de México frenará la entrada de drogas. El ‘caballo’ galopa en Nueva York al son de ‘Heroin’ de Lou Reed. Una nueva epidemia de heroína sacude Estados Unidos.  Al contrario que hace unas décadas, las víctimas no viven en zonas urbanas degradadas sino en barrios residenciales blancos. La ola de adicciones a los opiáceos entrará en la campaña para las presidenciales de 2020. Los candidatos volverán a no discutir sobre políticas represivas sino de rehabilitación. Truman Capote y su ‘clon’ Philip Seymour Hoffman murieron por sobredosis de drogas duras. En su informe anual, presentado esta semana, la Agencia Antidroga DEA dio algo parecido a un parte de guerra: entre 2010 y 2015 las muertes relacionadas con sobredosis por heroína se cuadruplicaron, hasta rozar los 13.000.

@SantiGurtubay

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